A propósito del INE ¿y el combate a la corrupción?

Por: Adrián Salazar
Quizá no todos lo recuerden, pero hubo una época en la historia de nuestro país en que no hubo corrupción, quizá no fue una época, quizá sólo fue un instante, o quizá sólo sucedió en el imaginario del entonces presidente de la república, Andrés Manuel López Obrador, que así lo afirmó.
Durante su campaña a la presidencia del 2018, López Obrador enarboló la bandera de la lucha contra la corrupción, asegurando que esa era la causa de los males de nuestro país y, acabando con ella, la vida del pueblo mexicano mejoraría radicalmente. Nunca habló de los problemas estructurales del modelo económico en el que vivimos, pese a la opinión de muchos expertos.
En una de sus “mañaneras” de marzo del 2021 López Obrador dijo que la corrupción ya no existía, que había logrado erradicarla bajo la tesis de que “el presidente no es corrupto y no tolera la corrupción”. Suma y sigue. En febrero de 2022, no sólo volvió a repetir su afirmación, sino que, además, acuñó una frase más: pañuelito blanco, no hay corrupción, ya no es el tiempo de los gobiernos pasados.
Traigo esto a colación porque, en días recientes, a nivel nacional e internacional se ha a dado a conocer el grave caso de corrupción en el Instituto Nacional Electoral, organismo que estaba a cargo de Guadalupe Taddei Zavala, situación que la llevó a renunciar al cargo, no sin antes destapar la cloaca de podredumbre en la que destaca la ambición personal y los intereses económicos por encima de cualquier cargo, institución y partido político.
Lo relevante aquí, es el discurso de doble moral por el partido en el poder. Mientras se jacta de haber acabado con la corrupción y de estar conformado por personas impolutas, en los hechos vemos que la realidad es diametralmente opuesta y, a final de cuentas, como reza el dicho popular, “es la misma gata, pero revolcada”. Basta hacer un pequeño recorrido por los medios periodísticos para darse cuenta de la gran lista de casos de este tipo en la que están involucrados los miembros de Morena y sus allegados.
Esta situación trajo como consecuencia el inevitable cambio de titular del INE, sin embargo, eso no garantiza que dicho organismo sea ahora inmaculado, basta ver la larga fila de personas que han renunciando a cargos clave dentro del mismo, lo que indica que existe una amplia red de corrupción enquistada en el interior de dicho organismo electoral y sanearlo resultará, sino imposible, realmente muy complicado, sobre todo ahora que estamos a punto de comenzar con el proceso electoral 2027.
Esto es una pequeña muestra de la realidad en la que vivimos. Para un cambio verdaderamente profundo en la sociedad mexicana, no basta con cambiar al partido político en el poder, ni un “mesías” con cantos de sirena; lo que se necesita es que el pueblo, la clase trabajadora se organice, eduque y tome un papel activo en la vida política para construir un partido de nuevo tipo y hacerse del poder político en el país y, entonces sí, implementar los cambios necesarios para la construcción de una sociedad superior, de lo contrario, seguirán pasando los procesos electorales, veremos desfilar a los partidos políticos, y seguiremos padeciendo los mismos males, como la pobreza y la corrupción.