El doble rasero a nuestros derechos

Por: Adrián Salazar
En nuestro país, uno de los tantos derechos que gozamos los mexicanos (por lo menos en el papel), es de la libre asociación y reunión pacífica (artículo 9), sin embargo, es escarnio mediático y enjuiciamiento público al que son sometidos quienes lo llevan a la práctica, no siempre es el mismo, pues dependiendo de a qué intereses afecte o beneficie dicho ejercicio, es el trato que se le da. Veamos.
Pongamos por ejemplo la ciudad de Puebla. Cuando la gente las colonias populares, los trabajadores informales, estudiantes, médicos, o algún otro, salen a las calles a denunciar la falta de acción por parte de alguna autoridad gubernamental o institucional, se le descalifica inmediatamente arguyendo “daño a terceros” y el tan famoso y trillado “caos vial”.
Sin embargo, son pocos quienes alcanzan a comprender que, en la mayoría de las veces, se trata del último recurso que le queda al pueblo para poder hacerse escuchar por quienes deberían brindar una solución oportuna a los problemas que los aquejan, sin embargo, los que hemos atravesado ese viacrucis de salas y antesalas de espera para una y otra mesa de trabajo infructuosa, conocemos lo casi imposible que es arrancarle a las autoridades competentes su intervención y más su actuar oportuno.
Esto refleja que las personas encargadas de salvaguardar la tranquilidad y la paz social no tienen el más mínimo interés de resolver los problemas que aquejan a la clase trabajadora, quien, además de ser ignorada, es satanizada y linchada mediáticamente por el sólo hecho de hacer uso de un derecho constitucional para exigir a los responsables que cumplan con su deber.
En cambio, cuando los que ejercen el poder económico o político hacen uso de este mismo derecho, no hay quien se atreva a cuestionarlos mediáticamente; ahí no existe el “caos vial” ni los “daños a terceros”, a pesar de obligar al ciudadano común a tener que buscar rutas y caminos, pese a que dichas actividades no resulten en ningún beneficio para él.
Veamos por ejemplo el caso de Gabriela «La Bonita» Sánchez, quien recorrió la avenida Reforma desde el Paseo Bravo hasta el zócalo de la ciudad para posteriormente hacer un mitin político con sus simpatizantes. ¿Ese cierre de calles, ese “caos vial” beneficiará a las familias de las colonias populares, a los trabajadores informales, a los estudiantes, médicos y demás, o sólo al grupo político que representa?
Como vemos, pues, si se trata de defender los intereses de la clase trabajadora que busca mejorar sus condiciones materiales para poder vivir un poquito mejor, se les criminaliza por hacer uso de sus derechos, en contraste, si es conveniente a los intereses de la clase política o empresarial, ahí nadie se atreve a cuestionarlos.
Existe pues, un doble rasero, y conviene a la clase trabajadora ser consciente de ello para no ser víctima de la manipulación mediática, sino para garantizar que los derechos, que el pueblo mexicano ha conquistado con años de lucha, sean respetados y más aún, si nos en beneficio propio.