Cuando el amor se confunde

Cuando el amor se confunde

Por Ximena Arantxazu López Gómez

Desde la psicología, el amor no se mide por la intensidad del apego, sino por la calidad del vínculo. Sin embargo, muchas personas han aprendido a llamar amor a lo que en realidad es miedo, dependencia o necesidad emocional.

No todo lo que duele es amor.
No todo lo que ata es vínculo.
No todo lo que se extraña es cariño.

El amor sano se construye entre dos personas completas. No nace de la carencia ni se sostiene desde la ansiedad. Cuando una relación se vuelve el único espacio de seguridad, identidad o validación personal, deja de ser amor y se convierte en dependencia emocional.

El apego inseguro suele disfrazarse de amor intenso: celos constantes, necesidad de control, angustia ante la ausencia, culpa al poner límites. Estas conductas no hablan de querer mucho, sino de un miedo profundo al abandono.

El amor no activa el sistema de alarma todo el tiempo.
No genera hipervigilancia.
No exige sacrificar la propia identidad para sostener el vínculo.

Desde una perspectiva psicológica, amar implica regulación emocional, capacidad de diálogo y respeto por la autonomía del otro. Donde hay manipulación, gaslighting o chantaje emocional, no hay amor; hay dinámicas de poder que erosionan la autoestima y confunden la percepción de la realidad.

Tampoco es amor la tolerancia al maltrato por esperanza de cambio. Permanecer en relaciones dañinas suele estar ligado a historias previas de abandono, baja autoestima o normalización de la violencia, no a una elección libre y consciente.

El amor sano produce calma, coherencia interna y sensación de seguridad emocional. No elimina los conflictos, pero permite atravesarlos sin miedo, sin humillación y sin pérdida de dignidad.

Confundir el amor no es un error individual; es una construcción aprendida. Por eso hablar de salud emocional es una tarea colectiva.

Nombrar la diferencia entre amar y depender es un acto de prevención y de cuidado.
Porque el amor no debería desorganizar la mente ni fracturar la identidad.
El amor, cuando es amor, también es salud mental.

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