Deglución y disfagia: cuando tragar deja de ser automático

Deglución y disfagia: cuando tragar deja de ser automático

Por Luna Martinez

Tragar parece un acto simple. Lo hacemos cientos de veces al día sin pensarlo. Sin embargo, cuando la deglución se altera, el cuerpo empieza a enviar señales que muchas veces se ignoran: dolor cervical, sensación de nudo en la garganta, carraspeo constante, voz cansada o incluso miedo a comer.

La deglución es un proceso neuromuscular complejo que involucra lengua, mandíbula, cuello, laringe, respiración y sistema nervioso. No ocurre de forma aislada. Por eso, cuando algo falla en el cuerpo, tragar también se ve afectado.

¿Qué puede alterar la deglución?

La disfagia es el término que se utiliza para describir la dificultad para tragar, y no es exclusiva de personas mayores o pacientes neurológicos. Hoy en día también aparece cada vez más en adultos funcionales y jóvenes debido a:

  • Mala postura prolongada, especialmente cuello adelantado y hombros caídos (muy común en home office).
  • Cirugías de cuello, tiroides, columna cervical, mandíbula o incluso cirugías prolongadas con intubación.
  • Tensión crónica en cuello y mandíbula, bruxismo o estrés sostenido.
  • Alteraciones respiratorias y patrones de respiración superficial.
  • Falta de movilidad y conciencia en la zona orofacial.

El cuerpo se adapta… pero no siempre de la mejor manera.

Tres claves conscientes sobre la deglución

1. Tragar también es un acto postural
La posición de la cabeza, el cuello y los hombros influye directamente en cómo se activa la musculatura encargada de la deglución. Pasar horas con el cuello adelantado o los hombros caídos modifica la forma en que tragamos, incluso sin darnos cuenta.

2. La deglución y la respiración están íntimamente relacionadas
Cuando la respiración es superficial o desorganizada, la coordinación entre respirar y tragar se altera. Esto puede generar tos frecuente, sensación de incomodidad al comer o fatiga en la voz. Tragar bien también implica respirar mejor.

3. La tensión cambia funciones básicas del cuerpo
Estrés, bruxismo y rigidez cervical no solo se sienten como molestias musculares. Con el tiempo, pueden alterar funciones automáticas como la deglución, haciendo que el cuerpo compense de formas poco eficientes.

Disfagia: más común de lo que parece

La disfagia no siempre se manifiesta como atragantamiento evidente. A veces se presenta de forma sutil como:

  • Comer más lento de lo habitual.
  • Comenzar a evitar ciertos alimentos.
  • Sensación de que “la comida se queda”.
  • Tos frecuente al comer o beber.
  • Fatiga al hablar o cambios en el tono de la voz al final del día.

Detectarla a tiempo marca la diferencia entre una molestia crónica y una recuperación efectiva.

¿Se puede tratar la disfagia?

La buena noticia es que sí, en muchos casos la disfagia es tratable.
Desde la fisioterapia y la rehabilitación funcional se trabajan:

  • Ejercicios específicos para lengua, cuello y musculatura implicada en la deglución.
  • Reeducación postural y respiratoria.
  • Movilidad cervical y liberación de tensiones.
  • Técnicas de electroestimulación neuromuscular como VitalStim®, que favorecen la activación muscular y la coordinación durante el proceso de tragar.

Cada caso es distinto, pero el movimiento guiado, consciente y bien aplicado es una herramienta poderosa.

Escuchar al cuerpo también es prevención

Tragar no debería doler, incomodar ni generar miedo.
Cuando el cuerpo cambia su forma de deglutir, está pidiendo atención.

Hablar de deglución y disfagia no es alarmar, es prevenir, educar y devolverle al cuerpo una función básica que impacta directamente en la calidad de vida.

Porque incluso lo más automático… también se puede reentrenar.

Luna Martinez
Fisioterapeuta especializada en terapia pulmonar, neurológica y deglución.
Personal trainer enfocada en el movimiento consciente, la prevención de lesiones y el entrenamiento funcional.
Fundadora y directora de Innovation Functional Training.

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