Trump, Venezuela y la cortina de humo

En medio de las polémicas que envuelven al presidente Donald Trump, parece haber encontrado en Venezuela el escenario ideal para desviar la atención de sus escándalos personales. Hace apenas unos días, la Comisión de Supervisión de la Cámara de Representantes, liderada por demócratas, liberó miles de correos electrónicos del patrimonio de Jeffrey Epstein que incriminan al magnate neoyorquino. En uno de ellos, Epstein afirma que Trump «sabía de las chicas» y pasó «horas en mi casa» con una de sus víctimas, refiriéndose a Ghislaine Maxwell. Estos documentos, que incluyen 20.000 páginas, refiere cierta complicidad en la red de tráfico sexual, algo que Trump ha negado categóricamente, tachándolo de «engaño demócrata» para distraer del cierre de gobierno.
Pero en lugar de enfrentar estas acusaciones, Trump ha optado por la ofensiva externa. A bordo del Air Force One, rumbo a Florida, declaró: «Ya me decidí» sobre Venezuela, pero «no puedo decirles qué será». Esta ambigüedad calculada no es casual. Coincide con el despliegue de la operación «Lanza del Sur», que involucra al portaaviones USS Gerald R. Ford y bombarderos B-52 en el Caribe, supuestamente para combatir el narcotráfico. Fuentes del Pentágono hablan de opciones que van desde ataques aéreos contra rutas de cocaína hasta golpes directos contra instalaciones del régimen de Nicolás Maduro. Es un show de fuerza que mantiene a todos a la espectativa, pero que huele a distracción: mientras los demócratas exigen más transparencia sobre Epstein, Trump redirige los reflectores a un «enemigo» lejano.
Del otro lado, Maduro no se queda atrás. El chavismo se atrinchera con 260,000 Comités Bolivarianos de Base Integral para defender «cada centímetro» del territorio, movilizando milicias y fuerzas armadas en 284 frentes de batalla. Maduro, en un discurso incendiario, arengó: «Tenemos agallas y ovarios suficientes para defender la patria», acusando a Washington de una «escalada bélica» y «guerra psicológica» para forzar un conflicto regional. Firmó un decreto que le otorga poderes excepcionales sobre el ejército y la industria petrolera, preparando sabotajes urbanos si hay invasión. Es una respuesta defensiva, pero también propagandística, que une a sus bases contra el «imperialismo yanqui».
Esta escalada no es solo retórica, se ven en las acciones de Trump un renacer de la Doctrina Monroe, pero actualizada: de «América para los americanos» a «América para Trump», codiciando los vastos recursos venezolanos –petróleo, minerales– en un hemisferio que ve como su patio trasero. La «democracia» que proclama es mera excusa; el verdadero objetivo es desplazar la influencia china y rusa, controlando el petróleo para su agenda «América Primero». Una invasión militar, aunque riesgosa por el potencial de derramamiento de sangre y crisis migratoria, encajaría en este patrón neocolonial, disfrazado de guerra contra narcoterroristas.